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que somos invitados a una especie de baile...

Hay una forma intemporal de construir. Tiene mil años, y es igual hoy a como ha sido siempre. Los grandes edificios tradicionales del pasado, los pueblos, tiendas y templos en los que el hombre se siente en casa, siempre han sido hechos por personas que estaban muy cerca al centro de esta ‘forma de hacer las cosas’.
― Christopher Alexander

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Hay una forma intemporal de construir....

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Es igual con cualquier arte, o actividad creativa...

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es muchos más que estas cinco letras c-o-c-h-e.

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...lugares en los que se siente vivo...

Han pasado muchos años desde que construimos nuestra primera caja de vapor (todavía en uso) e hicimos nuestra primera yurta (que todavía sigue en pie). Hacerlo de la forma correcta siempre ha sido lo mío...no tanto el ser perfeccionista pero la necesidad de que lo sienta coherente con lo que me pide el cuerpo...para mí cuando tenga ese sentimiento es cuando el trabajo realmente adquiere su valor. Cuando no sucede eso, me siento rígido e incómodo.

Es igual con cualquier arte, o actividad creativa...escribir, pintar o tocar un instrumento...el sentimiento es lo que guía al artista y también es así en mi experiencia propia.

Nuestro trabajo se convierte en una expresión de quien somos. Si tenemos suerte. A primera vista puede parecer que todas las yurtas son iguales, que una yurta es simplemente eso; una yurta. Pero realmente, como todos los sustantivos, esconden algo. Un nombre, o un apelativo es útil para ayudarnos a comunicarnos, y aún así, cuando nos paramos a observar con más detenimiento podemos descubrir que esconden lo que realmente hay allí…¿es un coche o eso es una obra de arte con motor? Es sólo cuando nos paramos a sentirlo, a detenernos y sentir cómo es eso “coche” para nosotros que podemos reconocer que es muchos más que estas cinco letras c-o-c-h-e.

Es igual con las yurtas... o por lo menos queremos que ese sea el caso, para que experimente lo que podríamos describir como mágico...Lugares y espacios bellos no son asuntos aleatorios, son precisamente conocibles y podemos crearlos...

Arquitecto y visionario, Christopher Alexander, citado anteriormente, escribió extensamente sobre esta cualidad, este sentimiento innombrable que reconocemos en todos los grandes edificios. Cuando hacemos una yurta, es con esta visión, este sentido antiguo, que Alexander llama la Forma Sin Tiempo...

No es posible hacer grandes edificios, pueblos, lugares bellos, lugares en los que se sientes uno mismo, lugares en los se siente vivo, sin hacerlo de esta forma. Y, como verá, esto llevará a cada persona que busque esta cualidad a edificios que son tan antiguos en su forma, como los árboles y las colinas, y como nuestras propias caras.
― Christopher Alexander

...lugares en los que se siente vivo...nutrido y sobre todo uno mismo...esto es y siempre ha sido nuestro objetivo haciendo yurtas. Hemos tenido muchas generaciones de maestros que construyeron estas estructuras en una época en la que los humanos estaban más cerca a esta “cualidad sin nombre”, esta forma sin tiempo.

Los antiguos nómadas que anduvieron por la tierra yerma durante miles de años, recorriendo los planos antiguos...estos antiguos...tan antiguos que las colinas forjaron sus propias almas en la humilde yurta.

A medida que pasan los años, parece ser que somos invitados a una especie de baile, invitados a bailar con la melodía de la vida, a encontrar su expresión en nuestro vivir...no es fácil en el mundo mecánico de hoy en día...donde todo es gobernado por una guerra del pensar que antes fue tan distante a los antiguos, como lo es normal para nosotros. Algunos lo llaman espíritu, o la Forma Sin Tiempo, la cualidad sin nombre...da igual como lo nombremos; está perdido de tantas formas en nuestro entorno y los lugares donde vivimos.

Es nuestra alegría, que de una forma pequeña pero significante, volvamos a incluir esta manera intemporal en nuestro trabajo y apoyemos el redescubrimiento de estas fuerzas antiguas y vitales.


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